jueves, 3 de agosto de 2017

¿Proteínas?... si no las veo no lo creo.

Por Adrián del Rincón Benéytez

¿Crees en la existencia de las proteínas? ¿Crees que existen esas moléculas  sorprendentes tan, tan pequeñas que no se ven pero que son esenciales para que tus células y tu cuerpo funcionen? Si no te lo crees… ¡empieza a creértelo porque las podemos ver! Sí, podemos ver cómo son, su forma y su estructura.
En nuestras células las proteínas hacen muchos trabajos… El que una proteína haga una función u otra depende de su estructura, igual que un destornillador que, según la forma que tiene su punta, sirve para un tipo de tornillos u otros. ¡Es muy importante conocer la estructura de una proteína para entender cuál es y cómo realiza su función!
¿Cómo conseguimos ver las proteínas? Las lentes de las gafas modifican la dirección de los rayos de luz que las atraviesan y así permiten que el ojo pueda ver una imagen nítida. Por su parte, la lente de una lupa los desvía de forma diferente para que se vea una imagen ampliada… De la misma manera, si se atraviesa un objeto muy, muy delgado con un haz de electrones y se emplean unas lentes que funcionan como imanes, se modifica su dirección adecuadamente, y se puede obtener una imagen muy ampliada del objeto. Esto es lo que se consigue en un microscopio electrónico. Si lo empleamos para ver proteínas ¡podemos ver cómo son! Para que no se muevan mientras sacamos la foto, las proteínas se congelan rápidamente. Así se quedan fijas y en diferentes orientaciones. Entre las imágenes 2D que se obtienen se pueden seleccionar todas las vistas de la proteína en cada orientación y sumarlas para que la imagen final sea mejor. Finalmente, utilizando todas las imágenes finales de un gran número de orientaciones diferentes, se puede obtener la imagen de la proteína en 3D; es decir, su estructura completa. Esta técnica se denomina Criomicroscopía electrónica.



De la misma forma que una llave tiene una forma determinada para poder abrir una puerta concreta, las proteínas tienen cada una su forma concreta para poder llevar a cabo una función. ¡Por eso es tan importante saber la estructura, la forma de una proteína! Si conoces su forma puedes entender más su función y cómo la realiza. En nuestro cuerpo, las proteínas son los protagonistas, están metidas en todo, por eso es muy importante saber cómo funcionan…

miércoles, 2 de agosto de 2017

¡El chocolate no engorda!

Por Natalia Cuervo Iturrioz


Uno de los mayores placeres que existen en esta vida es el chocolate. Pero, desgraciadamente, pensamos que si queremos tener un tipazo de modelo nos tenemos que privar de él. ¿Es cierto que el chocolate engorda? O ¿puede también ser considerado como algo bueno para la salud?
La mayoría de personas que consumen chocolate desconocen que el quid de la cuestión es su ingrediente más valioso, el cacao. Se ha descubierto que este elemento es rico en compuestos saludables y beneficiosos para la salud, gracias a los flavonoles que contiene. Por ello, podemos decir que ayuda tanto a disminuir el estrés como a mejorar la función actividad cardiovascular o a atenuar trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer o el Parkinson. Todo ello gracias a numerosos estudios poblacionales donde han podido demostrarlo mediante la comparación de los niveles de colesterol y tensión arterial entre personas que tomaban más cantidad de chocolate negro que aquellas que prácticamente no lo tomaban. En los primeros se observó que dichos niveles disminuían significativamente.


Pero, ¿es lo mismo chocolate que cacao? Desgraciadamente no. El chocolate es un producto que se obtiene del cacao añadiéndole otros ingredientes como azúcares, leche o manteca, por lo que pierde muchas de las bondades atribuidas anteriormente y provoca que no sea tan saludable. Es por esto por lo que, si queremos deleitar nuestro paladar de una forma saludable y alardear de que tomamos chocolate sin ningún problema, solo se debe comer aquel que contenga un 60-70% de cacao.
Dejémonos de tanta dieta, disfrutemos de los buenos y puros sabores del chocolate negro y descubramos cómo endulzarnos un poquito más nuestro día a día. 

martes, 1 de agosto de 2017

¿Hablaban los neandertales?

Por Adrián Merino Salomón

El lenguaje, la capacidad para comunicarse con palabras, es una de las características que más nos distingue de nuestros parientes más cercanos, chimpancés y bononos. Sin embargo, es muy probable que no solo nosotros, los humanos, adquiriéramos esta capacidad.

Esclarecer el origen del lenguaje es una de las incógnitas científicas que mayor interés suscita debido a las implicaciones que posee en nuestro desarrollo como sociedad. Conocer con exactitud si los Neandertales (nuestros antepasados extintos más cercanos) tenían la capacidad del habla igual a la nuestra sería un descubrimiento importantísimo. Hasta ahora no se ha llegado a un consenso claro. 

Probablemente tenían una capacidad de lenguaje hablado muy similar a la nuestra.

La comunicación mediante el lenguaje depende tanto del emisor, como de un receptor que sea capaz de escuchar el mensaje y descifrarlo correctamente. El oído de un animal está desarrollado y optimizado para escuchar con claridad las frecuencias de sonidos que le interesan para sobrevivir y relacionarse. Por ejemplo, no tendría sentido que animales acuáticos pudieran escuchar claramente sonidos en jungla y no escuchar nada debajo del agua; tampoco el que cualquier animal no pudiera oír a sus semejantes o a sus depredadores.
Para el caso de los neandertales, hasta ahora, se había intentado esclarecer si eran capaces de construir o de comprender un lenguaje complejo, pero no se había estudiado la capacidad de esta especie de escuchar el propio lenguaje. Con dicho fin, se ha realizado un estudio utilizando los fósiles de neandertales en Atapuerca, en el que se ha podido determinar que los neandertales tenían el oído parecido al nuestro y, a su vez, muy diferente del de los primates. En líneas generales, los primates escuchan a unas frecuencias optimizadas para sonidos lejanos debido a su naturaleza forestal; en cambio, nosotros oímos unas frecuencias que nos permiten escuchar sonidos característicos de nuestra habla. Según estos estudios, la evolución en nuestros antepasados ha ido modificando progresivamente el oído de manera que las frecuencias audibles se han adaptado a unas frecuencias características del habla, permitiendo el entendimiento y el desarrollo de un lenguaje complejo.
En definitiva, los Neandertales poseían un oído muy parecido al nuestro, así como las capacidades cerebrales necesarias para poder desarrollar un lenguaje complejo.  Por tanto, es muy probable que pudieran hablar igual que nosotros y que tuvieran un lenguaje relativamente complejo y propio.

Basado en la charla impartida por el Dr. Ignacio Martínez Mendizábal en JamScience.