miércoles, 2 de agosto de 2017

¡El chocolate no engorda!

Por Natalia Cuervo Iturrioz


Uno de los mayores placeres que existen en esta vida es el chocolate. Pero, desgraciadamente, pensamos que si queremos tener un tipazo de modelo nos tenemos que privar de él. ¿Es cierto que el chocolate engorda? O ¿puede también ser considerado como algo bueno para la salud?
La mayoría de personas que consumen chocolate desconocen que el quid de la cuestión es su ingrediente más valioso, el cacao. Se ha descubierto que este elemento es rico en compuestos saludables y beneficiosos para la salud, gracias a los flavonoles que contiene. Por ello, podemos decir que ayuda tanto a disminuir el estrés como a mejorar la función actividad cardiovascular o a atenuar trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer o el Parkinson. Todo ello gracias a numerosos estudios poblacionales donde han podido demostrarlo mediante la comparación de los niveles de colesterol y tensión arterial entre personas que tomaban más cantidad de chocolate negro que aquellas que prácticamente no lo tomaban. En los primeros se observó que dichos niveles disminuían significativamente.


Pero, ¿es lo mismo chocolate que cacao? Desgraciadamente no. El chocolate es un producto que se obtiene del cacao añadiéndole otros ingredientes como azúcares, leche o manteca, por lo que pierde muchas de las bondades atribuidas anteriormente y provoca que no sea tan saludable. Es por esto por lo que, si queremos deleitar nuestro paladar de una forma saludable y alardear de que tomamos chocolate sin ningún problema, solo se debe comer aquel que contenga un 60-70% de cacao.
Dejémonos de tanta dieta, disfrutemos de los buenos y puros sabores del chocolate negro y descubramos cómo endulzarnos un poquito más nuestro día a día. 

martes, 1 de agosto de 2017

¿Hablaban los neandertales?

Por Adrián Merino Salomón

El lenguaje, la capacidad para comunicarse con palabras, es una de las características que más nos distingue de nuestros parientes más cercanos, chimpancés y bononos. Sin embargo, es muy probable que no solo nosotros, los humanos, adquiriéramos esta capacidad.

Esclarecer el origen del lenguaje es una de las incógnitas científicas que mayor interés suscita debido a las implicaciones que posee en nuestro desarrollo como sociedad. Conocer con exactitud si los Neandertales (nuestros antepasados extintos más cercanos) tenían la capacidad del habla igual a la nuestra sería un descubrimiento importantísimo. Hasta ahora no se ha llegado a un consenso claro. 

Probablemente tenían una capacidad de lenguaje hablado muy similar a la nuestra.

La comunicación mediante el lenguaje depende tanto del emisor, como de un receptor que sea capaz de escuchar el mensaje y descifrarlo correctamente. El oído de un animal está desarrollado y optimizado para escuchar con claridad las frecuencias de sonidos que le interesan para sobrevivir y relacionarse. Por ejemplo, no tendría sentido que animales acuáticos pudieran escuchar claramente sonidos en jungla y no escuchar nada debajo del agua; tampoco el que cualquier animal no pudiera oír a sus semejantes o a sus depredadores.
Para el caso de los neandertales, hasta ahora, se había intentado esclarecer si eran capaces de construir o de comprender un lenguaje complejo, pero no se había estudiado la capacidad de esta especie de escuchar el propio lenguaje. Con dicho fin, se ha realizado un estudio utilizando los fósiles de neandertales en Atapuerca, en el que se ha podido determinar que los neandertales tenían el oído parecido al nuestro y, a su vez, muy diferente del de los primates. En líneas generales, los primates escuchan a unas frecuencias optimizadas para sonidos lejanos debido a su naturaleza forestal; en cambio, nosotros oímos unas frecuencias que nos permiten escuchar sonidos característicos de nuestra habla. Según estos estudios, la evolución en nuestros antepasados ha ido modificando progresivamente el oído de manera que las frecuencias audibles se han adaptado a unas frecuencias características del habla, permitiendo el entendimiento y el desarrollo de un lenguaje complejo.
En definitiva, los Neandertales poseían un oído muy parecido al nuestro, así como las capacidades cerebrales necesarias para poder desarrollar un lenguaje complejo.  Por tanto, es muy probable que pudieran hablar igual que nosotros y que tuvieran un lenguaje relativamente complejo y propio.

Basado en la charla impartida por el Dr. Ignacio Martínez Mendizábal en JamScience.

lunes, 31 de julio de 2017

Vacunas: Las bayonetas que nos previenen de enfermedades infecciosas.

Por Leticia Lucero López

Desde el surgimiento de los grupos antivacuna en 1998, tras el estudio fraudulento publicado en The Lancet que afirmaba que las vacunas producen autismo, el revuelo ha estado servido. Numerosos temores relacionados con la integridad física y mental tras su administración suelen surgirle al público en general y, en mayor medida, a los padres de niños en procesos de vacunación.
Vamos a despejar ciertas dudas al respecto explicando brevemente el proceso natural de la respuesta inmune. Tras una primera exposición a un organismo patógeno concreto, se genera una respuesta lenta en la que se forma un arsenal de armas que nos defiende de la enfermedad y, también, nos defenderá en caso de que este mismo patógeno volviese a entrar al organismo en una segunda ocasión. Esto es lo que se denomina memoria inmunológica.


Esta memoria es la base de las vacunas, pues el empleo de fragmentos de organismos infecciosos en ellas estimula a nuestro sistema inmune, haciendo que la primera respuesta se produzca sin padecer la enfermedad. De este modo, una exposición posterior al patógeno no produciría el padecimiento de dicha enfermedad o, de padecerse, la carga de patógeno en el organismo sería mucho menor. Gracias a este principio, la viruela ha podido ser erradicada, y la poliomielitis está en vías de serlo también, con un 99% de reducción en el número de afectados según datos de la OMS. Además, la tasa de mortalidad poblacional producida por otras enfermedades infecciosas ha sido drásticamente reducida gracias al empleo de las vacunas.
“Y acaso, ¿podría dar algún tipo de reacción anormal una vacuna?” Lo cierto es que sí; no obstante, es altamente infrecuente; se estima que este tipo de respuestas, mucho menos graves que la enfermedad en sí, ocurren en 1 de cada 1000 casos, un número bastante reducido si es comparado con la cifra de muertes que se producirían si dejáramos de vacunarnos.
Además, los grupos de antivacunas defienden su punto de vista alegando que aun no suministrándole la vacuna a una persona, esta tiene pocas probabilidades de contraer la enfermedad; ¡y están en lo cierto! Sin embargo lo que no te cuentan es que esto se debe a que la mayor parte de la población está vacunada y, por tanto, no hay cabida para la difusión de infecciones. Aun con esto, una persona sin vacunar tiene más probabilidades de contraer ciertas enfermedades que la que ha sido inmunizada con vacunas, pudiéndole llevar a complicaciones según la enfermedad, y en algunas ocasiones, a la muerte.
Algunos también podrían llegar a decir cosas como: “Pero, hay demasiadas vacunas, y ponerse tantas no puede ser bueno para el organismo”. Lo cierto es que hay “demasiadas pocas”. Actualmente solo existen 25 vacunas, y cada una nos protege frente a un único tipo de microorganismo; un número insignificante frente a los cientos de patógenos a los que podemos llegar a exponernos y que representan una alta tasa de mortalidad en la actualidad, como es el caso del virus del ébola.
Por todo esto, es importante concienciarnos bien de los pros y los contras reales del empleo de estos medicamentos y no dejar que nadie nos lave el cerebro, ya que en muchas ocasiones la información termina siendo tergiversada por fuentes completamente ajenas a la ciencia y a la ética, que únicamente se mueven con un ánimo lucrativo. Seamos críticos y contrastemos datos.

Basado en la charla impartida por la Dra. Margarita Del Val, CBMSO (CSIC), en la Semana de la Ciencia 2016, “¿Y por qué me tengo que vacunar?”.