martes, 8 de agosto de 2017

La danza de las abejas: Un lenguaje extraordinario.

Por Elena Rosa Núñez

Nosotros, los seres humanos, cuando queremos comunicarnos empleamos principalmente el lenguaje oral o escrito. Mediante él hemos sido capaces, conforme ha avanzado la técnica, de comunicarnos con personas que se encuentran en otra ciudad, otro país o, incluso, otro continente; ya sea por carta, teléfono o un simple whatsapp. Pero no solo nos comunicamos de forma explícita a través de palabras concretas, sino también a través de la pintura, la música, el baile y otras formas de lenguaje no verbal.


Las abejas, esos seres de los que muchos huyen en cuanto las ven, son capaces de comunicarse entre ellas de una manera realmente sorprendente. El lenguaje simbólico de las abejas supone uno de los sistemas más complejos e innovadores de la comunicación, permitiendo comunicar la situación de los alimentos a través de unas danzas que van acompañadas de unos sonidos característicos.  Estas danzas pueden ser de dos tipos: Danza de agitación y danza circular. 


 Danza circular (izquierda) y de agitación (derecha)

La primera de ellas, la danza de agitación, se realiza cuando las abejas exploradoras regresan tras haber encontrado un “banquete”. Estas abejas no regresan solas, sino que vienen con néctar en su estómago o con granos de polen adheridos a sus patas. Esta danza la realizan sobre la superficie vertical de la colmena, siguiendo la forma de un ocho y repitiéndola con giros en el sentido del reloj y en el inverso. Además, acompañando a estos pasos de baile, emiten de forma intermitente un sonido de baja frecuencia.
Este hallazgo mereció el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1973 a Karl von Frisch. Esta teoría, sin embargo, fue cuestionada por Wenner y Wells, considerando que la explicación más sencilla serían los olores. Para resolver este gran dilema, muchos otros investigadores realizaron nuevos experimentos. Entre estos experimentos, que demuestran que las abejas son capaces de comunicar información precisa mediante danzas, destaca la utilización de una abeja robotizada con alas de metal capaces de vibrar. Al poner en marcha este experimento, el resto de abejas de la colmena visitaban lugares de abastecimiento de alimento fuera de la colmena, los cuales nunca antes habían visitado.
La danza se utiliza básicamente cuando la comida cercana a la colmena es limitada o la fuente de alimentación lejana es transitoria. Sin embargo, cuando la fuente de alimentación es cercana, fácil de alcanzar y tiene una disponibilidad continua, las abejas utilizan las señales olfativas mencionadas con anterioridad. Así, lo que parecían en un principio teorías completamente contradictorias son en verdad complementarias.
Existe, además, la danza circular, una danza más simple que utilizan las abejas cuando el alimento está cerca de la colmena (menos de 50 metros). En este nuevo baile la abeja exploradora realiza un círculo en sentido de las agujas del reloj y, tras esto, otro en sentido contrario a las agujas del reloj, repitiéndolo numerosas veces.

De esta forma, al igual que nosotros, las temidas abejas también lo hacen a través de la danza, con la diferencia de que para ellas es su principal lenguaje para asegurar su subsistencia.

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