viernes, 18 de agosto de 2017

Oruga come-plástico.

Por Irene Tomico

Existe un grave problema mundial debido a la contaminación por los plásticos que inundan nuestros mares y océanos. Y es muy real, debido a su lenta degradación, entre 100 y 400 años por cada bolsa, y a nuestro gran consumo y alta necesidad de usarlos. El polietileno, por ejemplo, es uno de los materiales más usados para la fabricación de bolsas de plástico, y de él que se producen unos 80 millones de toneladas al año.
En la búsqueda de una posible solución a este problema, la serendipia ha vuelto a hacer de las suyas; y es que, queramos o no, algunos de los descubrimientos más revolucionarios en ciencia se han hecho gracias a ella. Igual que en 1928 Alexander Fleming descubrió la penicilina por casualidad en su placa cultivada con Staphylococcus aureus, en 2017 Federica Bertocchini ha descubierto la oruga “come-plástico”: por el mismo azar. Federica es apicultora aficionada, además de científica en el Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (CSIC). Estaba retirando los parásitos presentes en sus panales cuando encontró larvas de Galleria mellonella, vulgarmente conocido como gusano de cera, y las metió en una bolsa de plástico. Cuando más tarde reparó en la bolsa, la encontró llena de agujeros. En colaboración con otros científicos de la Universidad de Cambridge ha demostrado que 100 gusanos degradan 92 miligramos de polietileno en tan solo 12 horas, una tasa de degradación muy por encima de los avances más recientes en este campo.

Imagen de César Hernández – CSIC

Estos resultados son prometedores sin duda, pues estaríamos ante un remedio natural para la degradación del polietileno. El trabajo que queda por delante no es una nimiedad. Conocer el mecanismo molecular, así como la enzima responsable de la degradación son datos indispensables para poder escalar el proceso a nivel industrial. De momento, se sabe que el polietileno se transforma por una modificación química en etilenglicol. Se baraja la posibilidad de que la responsable sea una enzima producida por la oruga en sus glándulas salivares, o por una bacteria que viva en simbiosis en el intestino de la oruga.  
   

          
Así que, cuando se estudien en profundidad los aspectos mencionados, se podría poner en marcha una solución biotecnológica para remediar la contaminación por plásticos en los ríos y océanos, sin necesidad del uso de corrosivos químicos como se hace en la actualidad.

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